miércoles, 20 de mayo de 2015


La Santa Inquisición


La Santa Inquisición hace referencia a varias instituciones dedicadas a la supresión de la herejía mayoritariamente en el seno de la Iglesia católica.

La herejía es una creencia o teoría controvertida o novedosa, especialmente religiosa, que entra en conflicto con el dogma establecido y se castigaba con la pena de muerte y de esta se derivan todas las demás.

La Inquisición medieval se fundó en 1184 en la zona de Languedoc (en el sur de Francia) para combatir la herejía de los cátaros o albigenses. En 1249 se implantó también en el reino de Aragón (fue la primera Inquisición estatal y en la Edad Moderna, con la unión de Aragón con Castilla, se extendió a ésta con el nombre de Inquisición española (1478-1821), bajo control directo de la monarquía hispánica, cuyo ámbito de acción se extendió después a América, la Inquisición portuguesa (1536-1821) y la Inquisición romana (1542-1965). Aunque en los países de mayoría protestante también hubo persecuciones, en este caso contra católicos, contra reformadores radicales como los anabaptistas y contra supuestos practicantes de brujería, los tribunales se constituían en el marco del poder real o local, generalmente adecuado para cada caso concreto y no constituyeron una institución específica.



Origen


Se origina cuando los emperadores romanos convierten el cristianismo en religión estatal en el siglo IV y los herejes empiezan a considerarse enemigos del Estado.


En respuesta se produce un cambio de opinión dirigida contra la doctrina albigense, la cual no coincidía con los puntos de vista de la Iglesia católica con relación al matrimonio y otras instituciones de la sociedad. Como reacción, el papa Inocencio III organizó una cruzada contra los albigenses promulgando una legislación punitiva contra ellos. Sin embargo, los esfuerzos iniciales destinados a someter la herejía no estuvieron bien coordinados y fueron ineficaces.


Brujería y hechicería

La hechicera tradicional fue la que dio origen popular a la brujería. La hechicería era una figura ancestral, mística, local, su propio nombre variaba en función de su especialidad (adivinadora, curandero, etc.) y con un fin generalmente lucrativo. La bruja en el folclore apareció como una figura degenerada de la hechicería, irreal, anónima, sobrenatural, pervertida por el diablo y de intenciones malvadas y sanguinarias.




Métodos de tortura empleados

La víctimas de la inquisición fueron: brujas, homosexuales, blasfemos, herejes (cristianos que niegan algunos de los dogmas de su religión) y acusados de judaizar en secreto. Los acusados eran interrogados, a veces mediante torturas, y ejecutados si se les encontraba culpables, requisándose sus bienes.


Según la Iglesia católica, se adoptó el método de la tortura (lo cual era socialmente aceptado en el contexto de la época) solo en casos excepcionales. El procedimiento inquisitorial se regulaba minuciosamente en las prácticas de interrogación. No todos los métodos de tortura aceptados civilmente eran aceptados por la Iglesia católica y para que un acusado fuese enviado a tortura, debía ser perseguido por un crimen considerado grave, y el tribunal debía tener también sospechas fundadas de su culpabilidad.A pesar del uso de la tortura, el procedimiento inquisitorial representa un avance en la historia de la legislación. Por un lado, definitivamente descartó el uso de la ordalía como medio de obtención de pruebas, reemplazándola por el principio de prueba testimonial, el cual todavía tiene vigencia en las legislaciones de la actualidad. Por otro lado, se restablece el principio del Estado como fiscal o parte acusadora. Hasta ese tiempo, era la víctima la que tenía que demostrar la culpabilidad de su agresor, incluso en los procedimientos criminales más graves, esto frecuentemente era muy difícil cuando la víctima era débil y el criminal poderoso. Pero en la Inquisición la víctima no es más que un simple testigo, tal y como sucede en la actualidad. Era la autoridad eclesiástica quien ahora tenía sobre sí la carga de la prueba.

Algunos ejemplos de ellos son:


El toro de Falaris.
El flamante dispositivo constaba en un enorme toro de bronce puro, dentro del cual cabía una persona. El toro tenía una entrada que sólo podía abrirse desde afuera, unos orificios en la nariz y otros en los ojos de la imagen, dentro se colocaba a la víctima y debajo del toro se hacía una inmensa fogata que quemaba viva a la víctima. El toro se calentaba y se enrojecía, salía humo por los orificios de la nariz y un color rojo brillaba siniestramente en los orificios de los ojos. Según se cree, el primero en caer dentro del toro de Falaris fue Perilous el griego, condenado por el propio Falaris.


El aplastapulgares.
El aplastapulgares, como no es difícil imaginar, es un dispositivo de hierro mecanizado que se colocaba en la mano y que la iba mutilando gradualmente. El mismo se podía ir regulando para aplastar y destruir primero las uñas, luego los dedos, los nudillos y si así se deseaba, finalmente la mano entera. Este aparato se le colocaba generalmente a ladrones, la persona no moría pero sufría un dolor supremo en sus manos, el aplastapulgares tenía tres barras de metal dispuestas de forma vertical entre las que se colocan los pulgares, mientras, una madera maciza se desliza hacia abajo por las barras de metal y los dedos son aplastados, mediante un tornillo de metal que aplica cada vez más fuerza.



La rueda.
La rueda consistía en una enorme rueda en la cual se maniataba a la víctima, debajo se encendía una inmensa fogata y durante horas, se hacía girar la rueda sobre el intenso fuego, literalmente cocinando a la víctima. Girando sobre su propio eje, la rueda mantenía la víctima cual pollo rostizado, ardiendo lentamente, explotando en un mar de ampollas, humo y sangre.

La doncella de hierro.

La doncella de hierro es posiblemente la máquina de tortura más popular que existió y también una de las más aterradoras. La dama o la doncella de hierro consistía en una gran estructura de metal, con rostro de mujer, similar a un sarcófago; ésta estructura era hueca y cabía una persona dentro, pudiéndose colocar en forma vertical. Dentro, la parte frontal tenía 8 grandes, filosas y mortales púas que penetraban fácilmente la carne de quien se colocaba allí. Al colocar a la víctima dentro y cerrar la puerta frontal, otras 13 púas se introducían en la carne. Cada una de ellas se clavaba en un lugar estratégico para que al penetrar a la víctima, ésta se mantuviese con vida, desangrándose dentro lenta y agonizantemente hasta la muerte.

La hija del carroñero.

Este dispositivo constaba de una estructura metálica con aros y un sistema de tuercas y tornillos a través de los cuales, luego de colocar dentro a la víctima, se podía ejercer la presión suficiente como para ir quebrando todos los huesos del cuerpo. La víctima era aplastada con una fuerza que entre otras cosas, rompía las costillas, dislocaba el esternón y rompía lentamente la columna vertebral como si se tratase de una enorme tenaza en la que se colocaba a una persona hasta despedazarla. Se ejercía tanta fuerza sobre el cuerpo que la sangre brotaba por todos los orificios del cuerpo, los dedos y el rostro. Esta herramienta del mal fue utilizada sobre todo durante el reinado de Elizabeth I de Inglaterra para torturar a los protestantes, los traidores de la Iglesia.


La araña de hierro.
Cuando el mal, la tortura y el desprecio por la vida se funden con el sexo y el fetichismo, nada bueno puede salir de allí y si no me crees, te invito a hacer una lectura de las 120 jornadas de Sodoma del terrible Marqués de Sade...En la historia, ciertos artefactos de tortura similares a la araña de hierro son nombrados. Pareciera que los torturadores de la Edad Media hubiesen guardado los castigos más horrorosos para las mujeres, no es noticia que estas instituciones siempre han tenido un especial desprecio por las mujeres, pero los castigos más crueles estaban destinados a las mujeres, especialmente a destruir su feminidad. Éste montón de enfermos tenía un particular fetiche por torturar los senos, los quemaban, les arrancaban los pezones, les clavaban agujas y luego los arrancaban del cuerpo. La araña de hierro se utilizaba para éste último fin: se ataba una mujer a un poste y se le colocaba esta especie de pinza de metal agarrando todo su seno, luego se aplicaba una enorme fuerza y se le arrancaba el seno por completo. El mismo que en un momento los supo amamantar.


La pera de la angustia.
Era el dispositivo mecánico de tortura pensado para los homosexuales, los herejes y las brujas. Consistía en una grupo de 4 hojas de metal con una manivela dentro y un sistema mecánico que permitía extenderlas o contraerlas, dispuestas de forma tal que cuando estaban contraídas se veía como una pera. Este artefacto, según la condena, era introducido en el ano, la boca o la vagina, una vez dentro, la manivela se giraba para expandir las hojas de metal y estirar la zona hasta desgarrarla desde el interior. Si la víctima era acusada de homosexualidad, se introducía la pera en el ano; si era acusada de herejía, en la boca; y si era acusada de brujería, se metía en la vagina. La víctima no moría, pero no es muy difícil imaginar el dolor que semejante tortura provocaría en la persona.


La cuna de Judas

Es un instrumento de tortura utilizado principalmente para sacar confesiones.
Consiste en una pirámide puntiaguda, sobre la cual se alza a la víctima para después dejarla caer una o varias veces, de modo que la punta topara con la zona genital o anal con mayor o menor presión dependiendo de cómo evolucionara la confesión.




La rata de la tortura

Estar en un recinto con ratas ya es suficiente tortura, pero al parecer, esto no es suficiente para la época medieval. Uno de los más sádicos de todas las técnicas de tortura, tienen una jaula con un lado abierto atado contra el cuerpo de la víctima. Entonces se llena con grandes roedores y un elemento de calentamiento que se coloca en el otro lado de la jaula. Instinto natural de los roedores les llevaba a huir del intenso calor. Con el fin de escapar cavaban una madriguera a través del cuerpo de la víctima con resultados fatales.
La gota china
Consistía en inmovilizar a un reo tumbado boca arriba-, de modo que le cayera sobre la frente una gota de agua fría cada cinco segundos. Después de algunas horas, el goteo continuo provocaba daño físico en su piel, similar al que sufren las yemas de los dedos después de un baño de inmersión.
Pero la verdadera tortura para la víctima era la locura que le provocaría el no poder dormir, debido a la constante interrupción de las gotas, ni tampoco poder beber esa agua cuando la sed atacara, con lo cual a los pocos días sobrevenía la muerte por paro cardíaco.